De un café en México a una carrera en PlebLab
La tarde en que todo comenzó
Hay tardes que parecen completamente normales… hasta que, al mirar hacia atrás, te das cuenta de que no lo eran.
Estaba sentada en la terraza de la casa de un amigo leyendo, mientras él trabajaba cerca. En algún momento hice una pausa y comencé a escuchar una entrevista sobre innovación y sociedad. El audio llamó su atención.
Levantó la vista y me preguntó: —¿Te gusta la tecnología? —Claro —respondí—. Siempre me ha dado curiosidad.
Era una respuesta sencilla para una verdad mucho más profunda. Estudié filosofía en la universidad. Pasé años pensando sobre la sociedad, el poder y los sistemas invisibles que moldean la forma en que vivimos. Estaba acostumbrada a cuestionarlo todo, a mirar más allá de la superficie.
Y, sin embargo, había algo que nunca había cuestionado seriamente: El dinero.
Mi amigo asintió. —Entonces te voy a invitar a un grupo del que formo parte. Creo que te va a gustar.
Acepté sin pensarlo demasiado. Confiaba en él y podía notar que aquello era importante para él.
En ese momento, Bitcoin era algo de lo que había escuchado hablar, pero que nunca había explorado realmente. Eso estaba a punto de cambiar.
Entrando a un mundo diferente
Unos días después nos encontramos en un café con un grupo pequeño. Era una de las reuniones semanales de la comunidad Bitcoin & Lightning Guadalajara. Alguien comenzó a explicar Bitcoin.
Descentralización. Libertad. Soberanía. Conceptos que me resultaban familiares, pero que nunca había visto aplicados de una forma tan concreta.
Entonces hubo una idea que destacó por encima de las demás: Tú eres responsable de tu dinero.
Todavía no la entendía del todo. Pero sentí el peso de esa idea.
La semana siguiente, el grupo que había conocido en el café asistiría a un evento de Bitcoin, así que decidí acompañarlos.
Al entrar, el ambiente era vibrante y acogedor. Había grupos de personas conversando por todos lados, todos impulsados por la misma energía.
Parecía que todo el mundo estaba construyendo algo. La pasión que se respiraba era contagiosa.
Recuerdo haber pensado: ¿Quiénes son estas personas? ¿Y en dónde me acabo de meter?
El evento era PlebLab Startup Day en Ciudad de México, enfocado en emprendedores y proyectos que estaban construyendo sobre Bitcoin. La noche terminó con una cena, mariachi y un salón lleno de personas celebrando proyectos que apenas comenzaba a entender.
Al día siguiente pasé varias horas con algunas de las personas que había conocido la noche anterior. Caminamos por la ciudad, tomamos café y finalmente nos sentamos a comer.
La conversación regresaba siempre al mismo lugar. Lo que estaban construyendo. Lo que no estaba funcionando. Lo siguiente que querían intentar.
No había competencia. Nadie parecía preocupado por proteger sus ideas. Solo curiosidad y disposición para compartir.
Fue ahí cuando entendí algo: Aquello no era simplemente otro evento. Era una forma distinta de relacionarse con el trabajo.
Cayendo por la madriguera del conejo
Después de ese evento comencé a asistir regularmente a la comunidad Bitcoin & Lightning Guadalajara. Gran parte de lo que aprendí sobre Bitcoin vino de las conversaciones con las personas de la comunidad, de las sesiones de BitDevs y, simplemente, de convivir con gente profundamente involucrada en este espacio.
Por primera vez sentía que estaba rodeada de personas genuinamente emocionadas por aprender, construir y ayudarse mutuamente a crecer.
Semana tras semana seguí asistiendo. Escuchando. Aprendiendo. Y poco a poco convirtiéndome en parte de la comunidad.
Mientras más aprendía, más curiosidad se despertaba en mí. Leí el whitepaper de Bitcoin. Después The Bitcoin Standard. Escuché podcasts. Seguí proyectos.
Pero, sobre todo, empecé a hacerme una pregunta que, de alguna manera, había evitado durante años: ¿Qué es el dinero?
Me sorprendió darme cuenta de ello. Había pasado años estudiando sistemas, cuestionando estructuras y analizando el poder. Pero nunca había examinado el sistema que, silenciosamente, influye sobre todos los demás.
Y una vez que empecé, ya no pude detenerme. Comencé a entender cómo el dinero moldea los incentivos, y cómo esos incentivos terminan moldeando el comportamiento humano.
Poco a poco, muchas cosas empezaron a tener sentido desde una perspectiva completamente distinta.
Unos meses después, la comunidad Bitcoin & Lightning Guadalajara organizó el primer hackathon exclusivamente de Bitcoin en México.
Cuando comenzaron a formarse los equipos dudé en participar porque no sabía cuál sería mi lugar. Entonces escuché una frase que se quedó conmigo: "No importa cuál sea tu formación. Tiene valor."
Durante el hackathon, mi equipo y yo participamos con Aprendiz de Satoshi, un concepto de videojuego tipo RPG en español diseñado para enseñar Bitcoin a personas de toda Latinoamérica. Terminamos ganando uno de los premios.
Pero más importante que eso, entendí algo fundamental: Bitcoin no solo necesita desarrolladores. Necesita personas.
El punto de quiebre
En ese momento trabajaba en ventas. Era un buen empleo. Buen sueldo. Estabilidad. Predecible.
Pero el ambiente se sentía cada vez más desconectado de lo que estaba descubriendo.
En lugar de colaboración había competencia. En lugar de resolver problemas, las personas parecían enfocarse en buscar culpables.
No dejaba de preguntarme: Si todos quieren tener éxito, ¿por qué parece que todos trabajan unos contra otros?
Con el tiempo entendí algo muy simple: El sistema moldea el comportamiento.
Bitcoin, en cambio, parecía funcionar de otra manera. Personas compartiendo su conocimiento. Ayudándose mutuamente. Construyendo en público.
El contraste se volvió imposible de ignorar. Poco a poco algo cambió dentro de mí.
Lo que antes me parecía normal comenzó a sentirse fuera de lugar. Lo que antes me daba estabilidad empezó a sentirse como una limitación. Y aquello que antes me parecía incierto —Bitcoin— comenzó a sentirse como el lugar donde quería estar.
Así que tomé una decisión. Renuncié a mi trabajo. Sin un plan. Sin certezas. Sin garantías. Solo con una convicción:
Prefería enfrentar la incertidumbre haciendo algo en lo que creía, que permanecer cómoda en algo que ya no tenía sentido para mí.
Encontrando mi lugar
Al principio no tenía claro cuál sería mi papel. No soy desarrolladora. Y nunca planeé convertirme en una.
Pero mientras más participaba, más comprendía algo importante: Bitcoin necesita mucho más que código.
Necesita personas que conecten, organicen, comuniquen y apoyen a quienes están construyendo.
Empecé a reconocer con mayor claridad cuáles eran mis fortalezas. Disfruto entender lo que las personas están construyendo. Disfruto conectar personas. Disfruto descubrir cómo las ideas encajan unas con otras.
Pienso en sistemas. En patrones. En posibilidades.
PlebLab
Unos meses después de haber dejado mi trabajo, mientras revisaba las ofertas laborales en Bitvocation, encontré una vacante: Lead of Partnerships at PlebLab.
El nombre ya me resultaba familiar. Había vivido de primera mano lo que PlebLab había construido en Ciudad de México.
Aquella experiencia se había quedado conmigo. Un espacio donde la gente construye, comparte y se apoya mutuamente. Eso era importante.
Así que apliqué. Exactamente un año después de haber asistido a mi primer meetup de Bitcoin.
Y un día recibí un mensaje: Bienvenida a PlebLab.
Hoy trabajo en alianzas y patrocinios, ayudando a conectar emprendedores, desarrolladores y empresas que quieren contribuir al crecimiento del ecosistema de Bitcoin.
Gran parte de mi trabajo consiste en construir puentes. Entre personas. Entre ideas. Entre lo que existe y lo que todavía podría existir.
Lo que Bitcoin cambió
Bitcoin no solo cambió a lo que me dedico. Cambió la manera en la que entiendo el trabajo.
Me dio un mayor sentido de propiedad sobre mi tiempo y mi energía. Me conectó con una comunidad global de personas que están construyendo algo con propósito.
Y me hizo entender que conceptos como la soberanía no son solo ideas filosóficas. Son algo que se practica todos los días.
Para quien cree que esto no es para él
Si estás leyendo esto y piensas: "No soy una persona técnica. Esto no es para mí." Te equivocas.
Bitcoin crece porque personas con habilidades muy distintas aparecen y aportan. No necesitas permiso. No necesitas tener todas las respuestas. Solo necesitas empezar.